¿Verdad o Mentira? (4)

¿Tenemos libre albedrío?

Por Andrés Carrera

Este es uno de los temas teológicos que más ha dividido a los estudiosos por generaciones y no voy a intentar aquí resolver lo que mentes realmente brillantes no han podido, y un tema que parece tener tantos argumentos a favor como en contra.

Lo que quiero hacer aquí es simplemente definir qué entendemos por el término y que no, para que cada vez que usted lo oiga, sepa con claridad de lo que estamos hablando y si este libre albedrío tiene o no limitaciones.

Así que definamos libre albedrío:

Por “libre albedrío” se entiende que Dios da a los humanos la oportunidad para tomar decisiones que verdaderamente afecten su destino. El estado de pecado del mundo está directamente asociado con las decisiones tomadas por Adán y Eva. Todos los relatos sobre la caída de la raza humana indican que fue el resultado de una decisión equivocada. A partir de entonces, los individuos han tenido la oportunidad de elegir el seguir a Dios, o experimentar las consecuencias por no haber hecho esa elección.

Aún a la luz de la elección de Dios de Abraham y sus descendientes, Dios responsabilizó a los individuos por su elección. En el Antiguo Testamento, los individuos ajenos al pueblo elegido (Israel), fueron capaces de elegir creer y seguir a Dios, (ejemplos: los gentiles que salieron con los israelitas en el éxodo, Rut y Rahab). Por tanto, Aquel que elige, también permite que los individuos elijan.

En la Biblia encontramos términos como “elegir”, “predestinado,” “elegido,” etc. Sin embargo también sostiene que la gente es responsable por no elegir.

Al mismo tiempo que se nos dice que “estamos muertos en nuestros delitos y pecados” (Ef.2:5), y los muertos no pueden elegir, se nos dice cosas como estas:

(a) Se espera que los individuos elijan (Romanos 3:16; 10:11; etc.).

(b) Los individuos pueden elegir ser insensatos o prudentes (Mateo 7:26).

(c) Las Escrituras fueron dadas para proveer instrucción para salvación – obviamente para ser elegidos o rechazados (2 Timoteo 3:15; Juan 20:30-32).

(d) Jesús estableció que el elegir obedecer, es una señal de nuestro amor por Él (Juan 14:21).

La gran cantidad de mandatos dados por Dios, asumen que el que los escuche, puede tomar la decisión de obedecerlos o desobedecerlos. Sólo parece lógico que Dios nos haga responsables por ello, si en verdad tenemos un libre albedrío para elegir. Por lo tanto, un Dios justo no declararía expectativas sobre aquellos que no tienen libertad para elegir. Entonces, sería injusto que Dios castigara a aquellos que no tuvieron elección sobre sus acciones. Dios, en Su absoluta soberanía, creó la raza humana con la habilidad para hacer libres y genuinas elecciones.

Nosotros entonces, realmente tenemos voluntad y somos responsables por lo que deseamos y seremos responsables por las decisiones que tomamos, pero Dios no pierde nunca el ser absolutamente soberano sobre esas voluntades. Esa es la gran paradoja.

Unimos estas dos realidades con la palabra más importante que es GRACIA. Entonces realmente el hombre no puede llegar a Dios, no puede elegir no pecar, y desde ese punto no tiene libre albedrío aunque es completamente responsable por sus actos, pues como raza humana hemos rechazado a Dios.

Entonces viene la gracia dada por Dios a un pueblo no merecedor y por Su voluntad nosotros tenemos la posibilidad de elegir llegar a Él, lo que fuera imposible si Él no nos hubiera abierto la puerta.