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La Maldad (2)

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Hola amigos,

Continuamos con las preguntas acerca de la maldad que arrancamos la semana pasada. Respuestas de Ronald Rhodes

Dios los bendiga,

Andrés 

¿QUÉ PROPÓSITO TIENE DIOS AL PERMITIR LA MALDAD?

A Dios no le sorprende que el ser humano se aproveche del libre albedrío que le dio y lo desobedezca. C.S. Lewis sugiere que Dios, en su omnisciencia, «vio que de un mundo de criaturas libres, aunque hubieran caído, podría hacer surgir… una felicidad más profunda y un esplendor más radiante que nunca hubiera sido posible en un mundo de autómatas». O, como bien puntualiza Geisler, el que cree en Dios no tiene que alegar que nuestro mundo presente sea el mejor de los mundos posibles, sino que es el mejor camino hacia el mejor mundo posible:

«Si Dios ha de preservar la libertad y derrotar a la maldad, esta sería la mejor manera de hacerlo. La libertad se preserva en la medida de que cada persona determine libremente su destino. La maldad se vence en tanto que quienes rechazan a Dios son apartados de los demás, las decisiones de cada persona se convierten en permanentes. Quienes eligen a Dios serán confirmados y el pecado dejará de ser. Quienes rechazan a Dios están en cuarentena eterna y no podrán trastocar el mundo perfecto que se ha instaurado. Se habrá logrado el propósito final de un mundo perfecto con criaturas libres, si bien la manera de llegar a ese estado requerirá que aquellos que abusan de su libertad sean expulsados».

Un factor importante y crítico implícito en la sugerencia de que este no es el mejor de los mundos posibles, pero es el mejor camino hacia el mejor de los mundos posibles es que Dios todavía no ha acabado su obra. Con demasiada frecuencia la gente cae en la trampa de creer que, como Dios todavía no ha acabado con la maldad, no está haciendo nada en absoluto. Mi viejo colega, Walter Martin, solía decir: «Ya leí el último capítulo del libro, y ¡ganamos!». Un día no habrá más maldad. El que la maldad todavía no haya sido liquidada no significa que jamás lo será.

En vista de estos factores, la existencia de la maldad en el mundo es compatible con la existencia de un Dios que es absolutamente Bueno y Todopoderoso. Podemos resumir los hechos de la siguiente manera:

  1. Si Dios es absolutamente Bueno, vencerá a la maldad.
  2. Si Dios es Todopoderoso, puede vencer a la maldad.
  3. La maldad todavía no ha sido derrotada.
  4. Por lo tanto, Dios puede y un día vencerá a la maldad.

Un día, en el futuro, Cristo regresará, despojará a los malvados de su poder, y todos los hombres y las mujeres deberán rendir cuentas de lo que hicieron durante su estadía en la Tierra (cf. Mateo 25:31-46; Apocalipsis 20:11-15). La justicia al fin prevalecerá. Quienes lleguen a la eternidad, sin haber confiado en Jesucristo para su salvación, entenderán lo bien que Dios se encargó del problema de la maldad.

¿NO SERÍA MEJOR QUE DIOS ACABARA CON LA MALDAD DE UNA VEZ POR TODAS?

Algunos escépticos pueden verse tentados a postular que un Dios Todopoderoso no debería invertir toda la historia humana encargándose del problema de la maldad. No cabe duda que Dios podría liquidar la maldad en un instante, pero esta opción tendría implicaciones definitivas y funestas para todos nosotros. Como puntualizó Paul Litde: «Si Dios acabara hoy mismo con  maldad, lo haría de manera concluyente. Su acción tendría que incluir nuestras mentiras e impurezas, nuestra falta de amor, nuestra incapacidad de hacer el bien. Supongamos que Dios decretara que, a partir de la medianoche, acabaría con la maldad en el universo, ¿quién de nosotros quedaría después de medianoche?.

Aunque la solución final de Dios para el problema de la maldad está pendiente, como he argumentado, Él ya ha tomado recaudos para que el mal no cunda caóticamente. En realidad, Dios nos ha dado gobiernos humanos para contrarrestar la ilegalidad (cf. Romanos 13: 1,7). Estableció la iglesia para que fuera una luz en medio de la oscuridad, con el fin de fortalecer a su pueblo y aun para restringir, mediante el poder del Espíritu Santo, la propagación de la maldad en el mundo (p.ej. Hechos 16:5, 1 Timoteo 3:15). En su Palabra, Dios nos ha provisto una norma moral para guiamos y conducirnos por el camino de rectitud (cf. Salmo 119). Nos ha dado el núcleo de la familia para traer estabilidad a esta sociedad (p.ej. Proverbios 22:15, 23:13), y muchísimo más.

¿COMPRUEBA LA EXISTENCIA DE LA MALDAD QUE DIOS ES FINITO?

La idea de un Dios finito se popularizó a principios de la década de los ochenta cuando el rabino Harold Kushner, escribió el éxito de ventas When Bad Things Happen to Good People [Cuando le pasan cosas malas a la gente buena]. Al considerar la muerte prematura de su hijo, Kushner, llegó a la conclusión que Dios quiere que los justos tengan vidas felices pero que a veces no puede hacer que eso suceda. Hay algunas cosas que simplemente están fuera del control de Dios. Dios es Bueno, pero no es lo suficientemente Poderoso para hacer efectivo todo el bien que desearía. En resumidas cuentas, Dios es finito. Kushner, escribe: «Reconozco sus limitaciones. Dios está limitado por las leyes de la naturaleza y por la evolución de la naturaleza humana y la libertad moral de la persona». Se lamenta de que «incluso Dios tiene problemas para mantener a raya el caos y para limitar el daño que puede provocar la maldad.

La idea de un Dios finito implica un Dios que, debido a su finitud, solo puede ser un ser contingente que a su vez necesita una causa. Dicho Dios no es digno de nuestra adoración. Tampoco es digno de nuestra confianza, porque no hay ninguna garantía de que podrá derrotar el mal en el futuro.

La finitud no toma en consideración que los tiempos de Dios no son los tiempos humanos. Como señalamos anteriormente, el hecho de que Él todavía ¡no haya vencido al mal no significa que no lo eliminará en el futuro (cf. 2 Pedro 3:7,12¡ Apocalipsis 20:22). No estamos en el mejor de todos los mundos posibles, pero es la mejor manera de llegar al mejor de los mundos posibles.

Esta idea de finitud es contraria al testimonio bíblico de Dios. Las Escrituras nos presentan un Dios que es un ser Omnipotente. Dios tiene poder para hacer todo lo que quiera y hacer cumplir su voluntad. Cincuenta y seis veces las Escrituras declaran que Dios es Todopoderoso (p.ej. Apocalipsis 19:6). El poder de Dios es grande (d. Salmo 147:5), la grandeza de su poder es incomparable (d. 2 Crónicas 20:6; Efesios 1:19-21). Nadie puede oponerse al poder y la mano de Dios (cf. Daniel 4:35). Nadie puede desbaratar las acciones de Dios (d. Isaías 43:13), y nadie podrá impedir lo que haya determinado (d. Isaías 14:27). Para Dios nada es imposible (d. Mateo 19:26; Marcos 10:27; Lucas 1:37), y no hay nada difícil para Él (d. Génesis 18:14; Jeremías 32:17, 27). El Todopoderoso reinará (d. Apocalipsis 19:6), y un día derrocará al mal.

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