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Jerarquías Eclesiásticas

Por: Andrés Carrera

Otra de las cosas sobre la que tenemos una mala concepción y que nos ha alejado de la concepción original de nuestra fe, es la manera cómo, después del siglo IV, se empezaron a generar jerarquías que no se conocían antes.

Para nosotros, los habitantes del planeta en el siglo XXI, una iglesia sin jerarquías es una cosa de locos. Hemos crecido con la imagen de la iglesia Católica Romana, una institución piramidal, con claros niveles de autoridad a lo largo y ancho de ella, y creemos que esa es la norma.

De hecho, manifiestan que vienen del apóstol Pedro, a quien Jesús nombró su sucesor y por esa razón los Papas.  Entonces damos por sentado que Jesús instituyó su movimiento con jerarquías claramente establecidas.

Nada de esto es cierto, pero no es el motivo del artículo, ya he escrito sobre el tema en dos títulos diferentes, en este mismo blog  (“Fue Pedro el primer Papa” y “Entrevista al Apóstol Pedro”). Lo que hoy deseo es mostrarles cómo fue hecho el diseño original del movimiento que fundó Jesús denominado la iglesia, que funcionó perfectamente en los cuatro primeros siglos, hasta que Constantino el Grande la liberó de persecuciones y se instituyeron las jerarquías y la construcción de grandes templos emulando aquellos de las religiones paganas de ese tiempo.

En el modelo Paulino de redes complejas, con el que creció el movimiento a pesar de la persecución los tres primeros siglos, lo que se hacía eran iglesias en casa, pequeñas comunidades, dirigidas por personas que las tenían a su cargo denominados “ancianos” a quienes nadie consideraba jerárquicamente superior que los demás, sino que estaban al servicio de los otros, en una comunidad que era una familia de familias.

No había necesidad de nombrar ningún líder, el único líder que el movimiento tenía y tiene hoy es Jesús, los demás tenemos funciones diferentes, que pueden ser consideradas de mayor o menor valía para la comunidad pero no hay niveles jerárquicos en la iglesia, y todos somos servidores los unos de los otros.

Efectivamente, es una organización como ninguna otra, y es por eso que el apóstol Pablo la compara con un cuerpo (1 Cor. 12:12 al 27) y cuando usted lo lee notará que no hay cabeza, sólo miembros, diferentes funciones, pero sin que uno u otro sea jerárquicamente superior.

El autor mundialmente reconocido John C. Maxwell, en su libro “Desarrolle el líder que está en usted 2.0” nos dice que hay cinco niveles de liderazgo, analicémoslos para ver cual representa lo que se tiene en las iglesias hoy en día, y el que Cristo modeló y enseñó:

Nivel 1: POSICIÓN.- En el nivel más bajo encontramos aquel líder que depende del hecho de que está ahí, y es su posición y no su influencia la que determina su liderazgo. Es decir, yo aquí soy el mandamás, puesto por Dios (como para que nadie le discuta), en algunos casos “el ungido”, y todo el mundo hace lo que yo digo o pienso. Dependiendo del nivel de “unción” que cree tener, ni sugerencias acepta y su congregación simplemente dice: “orden del pastor”.

Maxwell dice que si bien es un lugar donde se comienza, es un terrible lugar para quedarse, y tristemente es donde la mayoría de pastores vive. No veo a Jesús nunca en este nivel, aunque nadie ha tenido posición más importante que Él.

Nivel 2: PERMISO.- En este nivel el líder construye relaciones sólidas, conexiones personales, y la gente liderada sabe lo mucho que le importa a aquel que está a la cabeza. Esto es básico para llevar a la comunidad a la meta trazada y yo diría que en la mayoría de los casos, el liderazgo eclesial, logra este nivel, con deshonrosas excepciones, donde no se puede ni mirar al “escogido del Señor” porque es demasiada la santidad que emana de su presencia.

Tres años, estuvo Cristo generando relaciones con aquellos que dejaría para liderar su Iglesia. ¿Ve a los pastores hacer lo mismo? Lastimosamente en mi experiencia es muy poquito. Y no hablo de hacerlo con toda la congregación sino con su círculo íntimo quienes luego harán lo mismo con sus respectivos grupos.

Nivel 3.- PRODUCCIÓN.- Dice Maxwell “Si como líder puede añadir resultados a las relaciones y desarrollar un equipo de personas que se caen bien mutuamente y logran hacer cosas, habrán creado una potente combinación”. (1)

Normalmente aquí es donde el problema empieza. La máxima planificación que usted encuentra en nuestro liderazgo es copiar algún modelo exitoso de otra congregación en algún otro país o cultura. Se nos dicen cosas tan mediocres como “la iglesia no es una empresa” o “esto es por fe así que el Señor dirá” y vamos de moda en moda, sin un rumbo establecido, ni metas específicas que alcanzar.

Jesús tenía todo claro, a donde iba era con un propósito, lo que enseñaba también, nada era al azar, la fe no era una excusa para no saber lo que tenía que hacer, y dejó a sus discípulos listos para hacer lo propio.

Nivel 4.- DESARROLLO HUMANO.- Esto que es una orden, “hacer discípulos”, es donde más fallamos. Estamos llenos de líderes eclesiales que con el cuento de que debe haber una “familia sacerdotal” como en el Antiguo Testamento, no desarrollan a nadie, para que sus puestos sean hereditarios, e incluso, se deshacen, de aquellos que pueden convertirse en un peligro para que esto suceda.

El resultado es penoso: líderes potenciales que en lugar de ser cuidados e instruidos, para que desarrollen al máximo lo que pueden ser, salen golpeados, casi destruidos por un liderazgo que no sólo que no los empodera, sino que los ve como competencia. Ahora los líderes eclesiásticos quieren morir en el puesto, cual Papa romano, y no se dan cuenta que lo nuestro es una carrera de postas, y que mi obligación es pasar el “testigo” a la siguiente generación.

Todo líder eclesial debe entender que nuestro Dios es un Dios de generaciones, y que mi paso por  la organización llamada iglesia es, sólo un pequeño punto en la estrategia de Dios de llevar a la mayor cantidad posible de gente a Su presencia.

Cristo fue un experto en esto. Desarrolló personas que, usted y yo, ni siquiera hubiéramos mirado a ver, y las elevó al máximo de su potencial, sin importar cómo ellos responderían, a tal punto, que uno de esos lo traicionó.

Nivel 5.- PINÁCULO.- Aquí se llega después de una vida de levantar líderes. Es cuando alcanzamos la reputación de habernos dedicado a dejar líderes capaces de seguir el camino, y eso se hace con una vida de invertir en personas, quienes no quedan igual, después de haber trabajado con usted.

Este debería ser el nivel al que todo líder eclesiástico apunte. Generaciones de líderes creciendo debido al tiempo que pase con algunos de ellos, a quienes enseñe a hacer lo mismo. Pero, tristemente, eso no pasa. Estamos preocupados por los números de asistentes, por mostrar crecimientos numéricos y tener un buen culto cada domingo.

¡Qué tristeza! ¡Qué miopía tan grande! ¿Por qué no hacemos lo que nuestro Señor hizo? Dio resultado. En 300 años se puso de cabeza al imperio más importante que el mundo ha conocido. ¿Por qué estamos tan ocupados en otras cosas? ¿Por qué sólo estamos buscando jerarquías?

Cuando el Señor habló de liderazgo, dejó claro el concepto de líder – siervo. Quien quiera ser el primero, vaya al último, y luego lo demostró al lavarles sus sucios pies.

Yo tengo una teoría personal bastante sencilla: Dame una iglesia de 10 mil personas y no haré impacto en mi sociedad. Dame 80 cristianos maduros, que han sido discipulados, cuidados, y enseñados a hacer lo mismo que sus líderes hicieron con ellos, y transformaré toda una ciudad.

No creo que viva lo suficiente para ver eso. Estoy empeñado en conseguirlo. Pero tal vez, mi responsabilidad es sólo empezar el trabajo, y alguien más sea quien lo consiga después de mí.

A eso nos ha llamado el Señor: a hacer discípulos que puedan vivir la fe en forma práctica en la cultura que les toca vivir. Si hacemos otra cosa no tenemos derecho a llamarnos líderes de la Iglesia del Señor.

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