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Marchar o No Marchar

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Por: Andrés Carrera

Cuando empecé este blog hace ya algunos años atrás, mi intención fue informar a la gente que me conoce sobre los errores y engaños del neo – pentecostalismo.

Con el tiempo, me di cuenta que no podía hacer un blog solo para criticar y procedí a colocar mis modestas opiniones sobre qué deben realizar aquellos que se consideran discípulos de Cristo, responder sobre distintas cosas de la vida práctica, y enseñar ciertos conceptos escriturales que considero importantes.

Mis opiniones nunca serán legales, ni de otra índole, únicamente intento despertar el pensamiento crítico en los creyentes sobre las modas ridículas de las que hacemos doctrina y sobre cómo nos ven los de afuera, porque eso es vital para llevar hacia quienes no lo conocen, nuestro mensaje de que Dios ama a todos.

Mi último artículo llegó a más gente de lo habitual y algunos por no conocer este antecedente, y otros por simplemente odiar, han juzgado no lo que digo sino quién soy, sin siquiera conocerme. Agradezco todo comentario sobre lo que escribo, así sea para criticarlo, porque por lo menos los llevo a considerar el hecho de que podemos estar encarando mal un problema.

Para los que criticaron el artículo porque la palabra homofóbico no existe, rectificaré y de ahora en adelante usaré el término odiador, y para los que me preguntaron que cuál es la alternativa y qué creo yo que debemos hacer, esta es mi respuesta:

1.- Defendamos a la familia y nuestras creencias, sin atacar a las personas que no piensan igual. Ellos no están obligados a creer lo que nosotros y la orden bíblica es mostrarles el amor que Cristo tiene por ellos, a pesar de no estar de acuerdo con su conducta. (1 Cor. 5: 9 al 12).

2.- Vamos a un referéndum si quieren, pero cuidado y perdemos. Yo votaré para que no se acepte el matrimonio igualitario.

3.- Si lo que más nos importa son las almas, que tal si empezamos a quitarles a los homosexuales el estigma de que tienen el “peor pecado que existe” y decimos la verdad: que tener dos mujeres, ir a prostitutas, mentir, matar, etc. son igual de graves para Dios aunque tengan consecuencias distintas. No sé si se dan cuenta, pero ese estigma, es la fuerza que le dan los homosexuales a su discurso, cuando intentan mostrarse como un movimiento social de minorías que luchan por sus derechos como antes lo hicieron los afrodescendientes o las mujeres, cosa que no es verdad, pues no lo son.

4.- Los creyentes no podemos juntarnos en marchas con odiadores, no podemos estar de acuerdo con carteles que dicen “fuera de mi país homosexuales”. Marchemos como lo haría Cristo y como lo han hecho personas como Mandela, Ghandi y Martin Luther King, dejando claro qué queremos, pero negándonos a odiar a nuestro adversario.

5.- Hagamos una marcha donde defendamos nuestros valores y el hecho de que no pueden imponernos el estilo de vida homosexual, aunque ellos tengan el derecho de hacer lo que quieran y aunque nos opongamos al sinnúmero de prerrogativas que solicitan que no tienen sentido y afectan los derechos de otros. Insisto, no debemos obligar nada a nadie, ni tampoco juntarnos con odiadores, porque supuestamente tenemos un “enemigo” en común.

6.- Mejor salgamos con carteles que digan que Cristo murió también por los homosexuales, y que abrimos nuestras iglesias para que ellos encuentren a Jesús, y que fruto de esa relación con Él pueden luchar y vencer  su pecado, como nosotros luchamos contra los nuestros. Quitémosles el estigma de perseguidos, para que por lo menos así nuestros jóvenes creyentes, dejen de simpatizar con su causa.

Alguna vez nos vamos a preguntar por qué las personas de afuera de la iglesia consideran que los cristianos somos: “Criticones, odiadores de los homosexuales, moralistas, que creemos que somos los únicos que nos vamos al cielo y que secretamente nos deleitamos con el hecho de que los demás se van al infierno”. ¿Alguna vez nos va a importar lo suficiente como para cambiar esa imagen? ¿Si estuviéramos afuera no pensaríamos eso de nosotros? ¿No se preguntaría porque esta gente no hace marchas para hacer aprobar leyes contra la pornografía, o los adúlteros que también destruyen a la familia?

Los cristianos nos vendemos como gente a quienes nos encanta restregar los pecados del otro, ya sea en EEUU con carteles que dicen “Asesinos” frente a las clínicas de aborto o aquí marchando contra los homosexuales con pancartas de odio y rechazo. Por algo Ghandi dijo que admiraba a Jesús, pero no aguantaba a quienes eran sus seguidores.

Jesús rechazó el judaísmo religioso que separa a Dios del hombre común. Siempre le llamó al pecado por su nombre, diciendo la verdad pero nunca separó esa realidad de la gracia que todos necesitamos, ya que todos somos pecadores.

Si queremos el honor de ser llamados discípulos de Jesús tenemos que andar como Él anduvo, y no se usted, pero yo no lo veo rechazando homosexuales, lo veo diciéndoles que eso es pecado, pero que igual Él los ama y los espera para aceptarlos como sus hijos y llenarlos de su Espíritu Santo, para que gocen de la plenitud de Él. Esto es lo que los llevará a transformar su vida y ser felices.

¿Usted cree que ese es el mensaje que estamos transmitiendo? ¿No considera que ese es el concepto que debemos transmitir?

Si está de acuerdo, entonces desde donde se encuentre transmita ese mensaje, que yo desde mi puesto haré lo mismo hasta que cambiemos la imagen que reflejamos y nos ganemos el derecho de ser llamados discípulos del Señor.

Si no concuerda solo recuerde que yo no soy su enemigo, la religiosidad lo es, y esa religiosidad lo llena de orgullo y de desprecio, escondido o no, a todo aquel que no se comporta como usted.

Si queremos hacer una marcha donde mostremos la verdad sin dejar de lado la gracia, aunque ellos nos desprecien, estaré ahí. Díganme el día, la hora, y el sitio, y convocaré a la poca o mucha gente que quiera acompañarnos.

Tal vez no consigamos agrupar tanta gente como para salir en los noticieros, probablemente nos ataquen de los dos lados, pero seguro arrancaremos una sonrisa de Jesús, cuando vea que sus seguidores pueden decir la verdad sin dejar de lado la gracia.

Esa es la marcha que propongo. Una que deje ver quiénes somos en Jesús.

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