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4 Respuestas Sencillas al Ateísmo Basado en la Ciencia

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Hola amigos,

Les comparto este artículo de Apologética, que creo será de gran ayuda para sus vidas de fe.

Dios los bendiga, Andrés

Por: Samuel James

La falta de conocimiento científico puede dejar a los cristianos sintiéndose vulnerables al hablar con sus amigos incrédulos acerca de por qué la fe es superior al escepticismo. Muchos estudiantes universitarios descubren el ateísmo a través de las clases de ciencias; los estudiantes cristianos que ingresan a la universidad son probados ferozmente en su fe por sus estudios, y muchos abandonan la lucha simplemente porque suponen que un profesor de biología debe estar en lo correcto acerca de la existencia de Dios. Cuando un poquito de fe como la de un niño, se encuentra con un montón de ateísmo estudiado, el miedo puede tomar el control.

Esto no es necesario. No necesitas un título en ciencias para tener algo que decir a los que presentan objeciones científicas a la fe. Aquí hay cuatro respuestas sencillas a los que afirman que la ciencia ha desmentido a Dios, o ha hecho el creer en Dios algo innecesario.

1.- No podemos saber a partir de la ciencia, si la ciencia en sí es la fuente de conocimiento.

Hay dos posibilidades cuando se trata del conocimiento humano a través de la ciencia. La primera es que todo lo que es real es reducible a principios científicos. Todo, desde el universo, las emociones humanas, o experiencias espirituales son explicables a través de la investigación científica. La otra opción es simple: no toda la existencia se puede explicar a través de la ciencia.

He aquí porque esta pregunta es importante: Si la primera opción es verdad, entonces, lógicamente, la ciencia es el modo supremo de conocimiento, y todo lo que creemos acerca de cualquier cosa debe estar en sumisión a ella. El problema, sin embargo, es que el que toda realidad es en última instancia, explicable a través de conceptos científicos no es en sí una teoría científicamente demostrable. Es una premisa filosófica, no una conclusión científica. La única manera de probar definitivamente que la ciencia explica todo, sería tener un conocimiento exhaustivo de toda la realidad, y luego ser capaz de explicar (usando solo datos científicos) lo que toda la realidad es y lo que significa. Tal hazaña es imposible. Por lo tanto, la creencia de que la ciencia es la mejor fuente de conocimiento debe ser aceptada por fe, ya que no puede ser verificada a través de evidencias.

2.- El consenso científico puede cambiar, y con frecuencia lo hace. Esto limita su autoridad epistemológica.

La naturaleza progresiva de la investigación científica es esencial para su valor. Si se hace correctamente, la ciencia puede corregir sus propios errores. Pero esto presupone para comenzar, que la ciencia puede cometer errores. Y si esto es cierto, debemos preguntarnos: ¿Cómo distinguimos entre lo que podría ser un error en el consenso científico actual, y lo que podemos saber cómo absolutamente cierto?

Esta es una pregunta importante para hacerles a los escépticos religiosos que apelan a la ciencia. Una posible respuesta es que la ciencia puede estar equivocada en casi todo lo que dice, pero es casi seguro que no se equivoca en lo que no dice (por ejemplo, si la ciencia no ha revelado a Dios por ahora, no es racional pensar que lo hará). Pero esta objeción pierde el punto del asunto. Uno no espera que la ciencia explique exhaustivamente algo antes de creer en él. Si eso fuera así, entonces el 99 por ciento de los seres humanos en el planeta no creería en las realidades más básicas de la existencia, o sería irracional creer sin tener el conocimiento científico exhaustivo. Si el consenso científico actual, dirige nuestra atención en dirección contraria a la existencia de Dios (un punto muy discutible), entonces ¿quién puede decir que el consenso no puede cambiar? Si puede cambiar, entonces la autoridad intelectual de la ciencia es limitada, y la expectativa de que seguirá oponiéndose a la creencia religiosa es una cuestión de fe.

3.- Solo el teísmo sobrenatural proporciona una justificación racional para el trabajo científico.

Las palabras de este punto son importantes. Si dejamos afuera la palabra “racional”, entonces la declaración sería en realidad falsa y muy fácil de derribar. No es necesario el teísmo sobrenatural para ser curioso, o para explorar el mundo natural. Pero sí es necesario el teísmo sobrenatural para tener una justificación racional para la ciencia. ¿Qué significa racional aquí? Esto significa que la investigación científica que se realiza partiendo de la suposición que no hay inteligencia superior, sino la inteligencia humana evolucionada, está haciendo un juicio de valor que no tiene derecho a hacer.

¿Por qué es mejor el conocimiento que la ignorancia? El ateo respondería que la ignorancia tiene menos valor para la supervivencia que la verdad; después de todo, si crees cosas incorrectas, o no sabes lo suficiente acerca de tu entorno, tienes menos probabilidades de sobrevivir y prosperar. Pero esta explicación solo se aplica a una pequeña cantidad de conocimiento científico. Hay poco valor de supervivencia en saber, por ejemplo, los detalles complicados de la teoría del tiempo-espacio, o el género de ciertos insectos, o la distancia que hay entre Júpiter y Marte. Todos estos hechos son procurados por los científicos como intrínsecamente valiosos, sin embargo, ofrecen poca información que ayude a garantizar la existencia continua de una especie.

La explicación real es que los científicos procuran estos datos porque hay un valor intrínseco en saber lo que es verdad acerca del mundo, independientemente de la cantidad de ayuda que nos dé. Los seres humanos creen que el conocimiento es mejor que la ignorancia porque creen que la verdad es mejor que la falsedad, y la luz es mejor que la oscuridad. Pero ¿de dónde viene esa conclusión? No de principios científicos. La ciencia misma no ofrece ninguna justificación evidente de por qué debemos estudiarla. No puedes estudiar suficientemente la ciencia para entender por qué debes estudiarla después de todo. El estudio de la ciencia presupone una valoración de la verdad que debe ser experimentada fuera del estudio científico. Es solo racional procurar el conocimiento científico que no ofrece un valor de supervivencia inmediato si hay algún valor externo, trascendente en saber la verdad. El teísmo ofrece una explicación de por qué conocer la verdad es valioso. El ateísmo científico no lo hace.

4.- Solo el teísmo sobrenatural nos garantiza que el conocimiento científico real es posible.

El filósofo Alvin Plantinga es famoso por articular lo que él llama el “argumento evolutivo contra el naturalismo”. El argumento es complicado en detalle, pero simple en su premisa. Plantinga comienza por poner dos hechos en los que casi todos los ateos están de acuerdo, uno junto al otro. Primero, la teoría de la evolución es verdadera, y los humanos han descendido de formas de vida inferiores a través del tiempo. Segundo, los seres humanos son seres racionales en un mayor grado y de forma superior a las criaturas que han evolucionado menos. Plantinga entonces dirige nuestra atención a la tensión entre estos dos hechos. Si los seres humanos son una especie más evolucionada de primates, entonces nuestras facultades cognitivas (es decir, las partes de nuestro cuerpo y de la mente que nos permiten ser criaturas racionales) han evolucionado a partir de facultades cognitivas inferiores.

Pero, Plantinga dice, si Dios no existe, entonces los únicos factores que afectaron a la evolución humana son el tiempo y la casualidad. Basados solamente en el tiempo y la casualidad, ¿por qué debemos estar confiados en que nuestras mentes racionales —que no son más que la suma de las mentes menos evolucionadas más el tiempo y la casualidad— son en realidad racionales? ¿Qué base tenemos para creer nuestras propias conclusiones? ¿Cómo sabemos que somos realmente capaces de conocer la verdad más que un primate? Si los únicos jugadores en nuestra existencia son criaturas inferiores, el tiempo y la casualidad, ¿cómo sabemos que hemos evolucionado en realidad?

Esta astuta observación fue repetida por Thomas Nagel en su reciente libro Mind and Cosmos [La mente y el cosmos]. Nagel, un filósofo agnóstico de la Universidad de Nueva York, sostiene que la comprensión humana del universo no puede explicarse simplemente mediante procesos evolutivos ateos. No tiene sentido asumir que los seres humanos pueden entender su mundo en un nivel conceptual si la conciencia humana surgió del mismo mundo al que responde. Nagel está de acuerdo con Plantinga en que el naturalismo ateo no puede explicar por qué los seres humanos pueden ser criaturas racionales y hacer cosas racionales dignas de confianza.

El conocimiento científico solo es posible si las cosas que no se pueden probar por la ciencia son realmente ciertas. Si Carl Sagan está en lo correcto y el universo material es todo lo que había, hay, y siempre habrá, entonces la ciencia en sí no es más que un disparo a ciegas. Sin embargo, si los seres humanos son el producto de una mente infinitamente mayor, entonces estamos justificados en creer que lo verdadero y lo falso son realidades y no nociones aprendidas de nuestros antepasados.

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