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El llamado (2)

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Por: Andrés Carrera

Una vez que hemos analizado lo que la mayoría de la comunidad cristiana entiende por un “llamado”, quisiera examinar esta postura que según mi modesta opinión, genera en la iglesia una serie de problemas que de no cambiarse, provocaría que el movimiento muera en las próximas generaciones.

El “llamado”, entonces, es este sentimiento que uno tiene de que Dios lo está convocando a ser un ministro a tiempo completo, así como llamó a gente en diferentes generaciones para un logro en particular como Abraham, Jacob, Isaac, David, Gedeón y tantos otros. Esa vocación genera lo que denominamos como los “profesionales de la fe”, quienes se preparan en seminarios o universidades en la carrera de teología y tienen posteriormente a su cargo los distintos templos y a la gente que concurre.

Así que, empecemos por ver si esta posición es o no, neo testamentaria y luego los problemas prácticos que genera:

1.- La manera que la iglesia primitiva hacía las cosas eran así: Un líder iba a una comunidad, establecía una iglesia (comunidad, no templo) en una casa, enseñaba y dejaba con el tiempo a un anciano o pastor encargado y el seguía a otra comunidad y empezaba desde cero nuevamente.

2.- Todas las personas de la comunidad entendían que era su obligación hacer discípulos y ninguno trabajaba de manera remunerada. Para ponerlo en términos actuales, todos se consideraban “llamados” a abrir una nueva comunidad en donde liderarían como pastor o anciano, que por cierto, eran términos intercambiables, que describían más la función y filosofía de trabajo.

3.- No existían jerarquías. Estaban claros que los encargados de las comunidades de fe, llamadas iglesias, estaban al servicio de las congregaciones. Por eso Pedro es tan directo cuando escribe: “A los ancianos que están entre ustedes, yo, que soy anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe con ellos de la gloria que se ha de revelar, les ruego esto: cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere. No sean tiranos con los que están a su cuidado, sino sean ejemplos para el rebaño. Así, cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la inmarcesible corona de gloria.” (1 Ped. 5: 1 al 4).

Creo que no hay dudas en este pasaje que los términos anciano y pastor son intercambiables, y que no se consideraba un puesto jerárquico sino uno de servicio a la comunidad.

4.- La función de pastores no se entendía como alguien profesional, que tiene a cargo la teología y la interpretación de la Escritura, sino como alguien que cuidaba la grey, que estaba a su servicio, y que todos los miembros, como parte de su vida en la iglesia local, estudiaban cómo vivir la realidad de Cristo en sus vidas, de tal manera que la interpretación era llevada a cabo en forma comunitaria, con una comunidad establecida en el Evangelio y la doctrina Apostólica, es decir, se hacía teología dentro de ella.

Los problemas que causan son:

1.- Los jóvenes tienen que elegir entre seguir la carrera de teología u otra en donde encontrará más posibilidades de empleo, lo que provoca que los cristianos más capacitados dejen de ver su servicio a la iglesia local como algo importante, porque eso debe hacerlo el “profesional” a cargo de la comunidad. La calidad y cantidad de discípulos que perdemos es escalofriante, cuando con solo dejarles ver que la teología es parte de su vida, y no una profesión, que es nuestra obligación hacer discípulos, sería más sencillo.

2.- Hacemos una diferencia de categorías de creyentes. El “profesional” que sabe y el resto de la grey que lo único que puede hacer es depender del conocimiento y aplicación, buena o mala del encargado. Debido a esto, los creyentes “amateurs” consideran que la gran comisión de ir y hacer discípulos no es con ellos. Ahora hay creyentes de primera categoría, que son ungidos, a los que Dios les habla, que tienen un toque “mágico” y el resto que ya no dependemos de Jesús, sino de estos “tocados” por Dios, interpreten lo que debemos hacer.

3.- La iglesia local no genera creyentes que van camino a la madurez espiritual, ya que, los “profesionales” no tienen el tiempo para discipular y ver el crecimiento personal, uno a uno de la gente de su congregación, con lo que tenemos un sinnúmero de creyentes que lo que hacen es ir al templo el domingo, pues creen que esa es su única “obligación”, eso y dar algo de dinero, para que los pastores puedan seguir trabajando.

4.- Para las nuevas generaciones, el no verse como parte de un movimiento que cambia vidas, resulta en una total desidia, o que se vayan a otros proyectos donde sienten que hacen una diferencia, como ir a cuidar elefantes en peligro de extinción evitando que los maten.

A dónde hemos llegado, que los jóvenes ven más desafiante proteger animales que compartir con otro ser humano que somos amados y perdonados por Dios.

5.- Todo creyente debe ser tratado como un discípulo en vías de convertirse en un discipulador, que va a compartir sus experiencias de vida y su fe con alguien más, en una cadena de iglesias/ hogar, manejadas por personas que entienden que el éxito de su gestión depende de la calidad de discípulos que hagan, al continuar la gran comisión con otros. Cuando solo es cuestión de “profesionales” esto no se logrará jamás.

En resumen, el “llamado al ministerio” no es la forma cómo la iglesia primitiva manejó las cosas. Para ellos el intercambiable término de pastor o anciano, no era uno de jerarquía sino de servicio a una comunidad no mayor de 50 personas, que se conocían y eran una familia de familias. Esta comunidad era la responsable de generar discípulos que a su vez compartían vida con otros, nadie estaba excluido, nadie era más que nadie, por eso a menos que dejemos de tener esta vida “templo céntrica” y pasemos a hacer la gran comisión como fue dicha, el movimiento de Cristo pasará a ser un ente en extinción.

Llamemos a todos al ministerio. Un ministerio de amar a otros y servirlos. Uno donde compartimos vida y donde enseñamos lo que vayamos aprendiendo acerca de cómo convertirnos en discípulos de Cristo. Uno donde cumplimos el mandamiento de amarnos unos a otros, y donde generamos vida en comunidad.

Hace 2000 años, este movimiento así entendido, puso un imperio de cabeza. Tenemos que hacer lo mismo.

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