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¿Quién protege a la víctima?

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Por: Andrés Carrera

Por años me he dedicado a la consejería. He estudiado el tema de manera formal e informal. He aprendido el punto de vista bíblico sobre relaciones y es algo sobre lo que leo y me informo constantemente.

En todo este tiempo hay algo que no termina de sorprenderme y es cómo las personas que están en liderazgo en la iglesia, pueden sin ningún problema priorizar la letra de la ley sobre el ser humano, haciendo algo que Cristo criticó abiertamente cuando se trató de guardar el sábado.

Me explico con dos ejemplos que he visto recientemente:

1.- Matrimonio entre una feligrés de una iglesia y un familiar cercano al pastor, quien además era el encargado del ministerio musical. Él toma un trabajo y debido al comercio que realizaba, tiene que dejar el ministerio y empieza a juntarse con gente que manejaba los negocios, esto deriva en que empiece a vivir de una forma poco moral y abusiva.

Tanto se sumergió en ese estilo de vida, que ante los reclamos de su esposa reacciona con golpes e incluso estando separados la amenaza de muerte. Al denunciar esto ante la familia de la iglesia y el liderazgo, las respuestas fueron inconcebibles desde mi punto de vista, arrancando por el típico “Dios aborrece el divorcio”, “Dios hará su obra en él, así que ten paciencia, lo vamos a llevar a una consejería especializada”, “No lo denuncies, espera a que Dios responda y que vuelva a ser el mismo de antes”.

Cuando la mujer se negó a posponer el trámite de divorcio, le dejaron ver que esa no era una posición aceptable para la iglesia ni para Dios, puesto que estaba haciendo algo que traería maldición para ella y sus hijos.

2.- Matrimonio de dos feligreses de una iglesia. Su relación inició cuando ella era menor de edad y resultó embarazada. La relación camina bien hasta que se descubre que el esposo es un mujeriego empedernido, sintiéndose atrapado intenta ahorcarla.

Él fue arrepentido a su iglesia y consiguió apoyo para que la esposa lo perdone. Otra vez, volvemos a la misma perorata: “Dios aborrece el divorcio, hay que darle otra oportunidad, vamos a darle consejería”, etc.

Ella accede y al poco tiempo el mismo patrón se repite en un segundo ataque, y sin embargo el mensaje de la iglesia no cambió. Él insiste en continuar con la relación porque aduce ha realizado todo tipo de terapias.

Cuando oigo historias tan desgarradoras como estas y veo cómo la comunidad denominada iglesia local se preocupa más del victimario y no de la víctima, me pregunto si así reaccionaría Jesús en nuestro lugar y mi respuesta es definitivamente no.

¿Dios quiere el divorcio?, por supuesto que no, pero eso no le da “patente de corso” a un abusador para que golpee física o maltrate emocionalmente a su pareja, y que la afectada tenga que volver con él, porque resulta que Dios lo va a cambiar. ¿Cuál es el amor que le mostramos al abusado al operar de esta manera?

Únicamente si una persona está arrepentida y cambia su vida, puede intentar si así lo quiere regresar al hogar, pero debe ser una decisión de ambos, e insisto luego de una restauración total. Pedir que simplemente se olvide el abuso porque el perpetrador promete ser distinto no es solo iluso, sino un ataque a los sentimientos de la perjudicada, que ya se siente culpable porque cree que hizo algo para merecer el castigo, y que ahora le endilgamos la culpa de que piense que está incumpliendo con Dios.

Veo con mucho dolor, una y otra vez, mujeres abusadas quienes encima tienen que pasar por el dolor de ser reprendidas por los líderes de sus iglesias que pregonan el único paso que Dios desea: que lo perdone y restaure el matrimonio. Claro, ninguno de los que aconsejan han tenido que pasar por el dolor de ser golpeados o ser engañados con otra persona.

¿Cuándo dejaremos claro el mensaje a los hombres que se llaman cristianos, que es una ofensa a Dios tratar mal a sus esposas en lugar de dar su vida entera por ellas? ¿Cuándo vamos a desterrar el machismo de nuestra cultura, que fomenta la idea que la mujer todo lo soporta incluido lo que un ex presidente de mi país denominaba “pecados masculinos”? ¿Qué estamos esperando para exigir un modelo más alto de comportamiento en los hombres de nuestras congregaciones?

Muchas veces uso este espacio como una especie de terapia personal, para dejar ir mi frustración hacia el movimiento (la iglesia) que debería ser el defensor de toda persona abusada y no esconderse detrás de leyes que les impide ver la tragedia humana que provocan sus errados consejos.

Las mujeres también son hijas de Dios, también son amadas por Él, y le duele ver cómo abusan de ellas. De hecho, las leyes contra el divorcio fueron para protegerlas y evitar sean dejadas solas a su suerte, en una sociedad en la que no podían trabajar y eran llevadas a la inanición.

Todos los principios bíblicos van hacia la defensa del abusado, no a favor de mantener una institución como el matrimonio, a pesar de los abusos de uno de los dos. Es impresionante como leemos todo al revés.

Si no conseguimos que la iglesia sea una institución que protege y ama al abusado por encima de una interpretación de la ley, no somos la organización que fundó Cristo, porque Él jamás solaparía que una hija suya sea abusada por nadie, peor por alguien que se dice llamar su seguidor.

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