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Y Todo Cambió

Por: Andrés Carrera

La historia de la navidad genera mucho escepticismo: ¿Cómo puede una virgen concebir? ¿Qué clase de Dios mandaría a su Hijo a nacer en un pesebre, donde podría morir recién nacido?, y quien sabe cuántas más interrogantes sobre este hecho tan extraño y tan parecido a lo mitológico.

De hecho, cuando Jesús vino al mundo nadie esperaba que el Mesías naciera de una virgen.

La muy repetida profecía mesiánica de Isaías 7:14, no exigía que el Mesías venga de una virgen, ya que esta palabra también puede ser traducida como joven y entonces diría “una joven concebirá”. Es Mateo el que nos lleva a ese verso luego de que conoce que el Cristo ha nacido de una virgen y lo traduce de otra manera, porque se da cuenta que esa era la traducción exacta después de lo que había pasado, y es posterior a la muerte de Jesús que los escritores del Nuevo Testamento entienden por qué era necesario, pero cuando Cristo mostraba sus credenciales para ser el Mesías, no se le pedía que haya nacido de una virgen.

Se le solicitaría que fuera descendiente de Abraham, de Isaac, de Jacob, de David, que haya nacido en Belén, pero nunca que hubiese nacido de una virgen.

De hecho, las historias de los dioses teniendo hijos con humanos era mitología griega. Por ejemplo Hércules y Helena de Troya fueron hijos de Zeus, pero que el Espíritu Santo hiciera concebir a una virgen era algo totalmente inesperado para los judíos, y la única razón por la que Mateo lo cuenta es porque es verdad, ya que si no lo fuera, jamás se la inventaría, ya que esto complica la historia más que ayudar, especialmente para los lectores tempranos de su libro.

Pero, no solo el nacimiento era una cosa inesperada sino que la razón que el ángel le da a José, para la venida de Cristo, es una que ni él ni ningún otro judío preveía.

En el tiempo que Jesús nació, Israel era esclavo del imperio romano. De hecho, los judíos habían pasado más esclavizados que libres en su historia, pasando de ser dominados por los asirios, los babilonios, a los persas, a los griegos y finalmente a los romanos.

Entonces lo que se esperaba, era un libertador, un gran guerrero, un nuevo Josué, que traiga libertad de la esclavitud. Sin embargo, la promesa del ángel es muy distinta cuando alude al que nacería del vientre de María: “Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús,* porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mt.1:21)

Todo judío, incluso José, hubiera pensado que el problema del pecado estaba resuelto, ya que había todo un sistema complejo de sacrificios para tratar con ellos. Cada pecado, cada infracción, cada condición social, cada fecha, todo estaba claramente especificado, y según los judíos el sistema de sacrificios lo cubría todo.

Nosotros en la actualidad tenemos una reacción parecida, no nos emocionamos al oírlo tampoco, y la razón es que cuando lo escuchamos, lo que procesamos no es que nos vino a salvar de nuestros pecados, sino a perdonarnos los pecados, y si no tenemos cuidado reduciremos la navidad a un sistema que se reduce al perdón de pecados.

Incluso, posiblemente tu experiencia religiosa básicamente se reduce a esto: nadie es perfecto pero Dios perdona, meto la pata, Dios me perdona, y eso es todo.

Pero el mensaje a José, el mensaje de la navidad, la razón de la venida de Jesús es mucho más grande que eso, y si ha reducido la navidad y su mensaje a esto, se está perdiendo el mensaje principal que es que Jesús no vino para liberarnos del hecho de pecar vino para liberarnos del poder del pecado.

Ya no estamos en la esclavitud del pecado, ya no reina sobre nosotros, ya no tiene poder sobre nuestras vidas.

Y Jesús dejó esto claro en su ministerio y un ejemplo es su encuentro con la mujer adúltera (Jn. 8:1 al 11). Esta historia nos deja ver algunas cosas muy interesantes:

  1. La mujer es arrastrada a la presencia de Cristo quien estaba en el templo, último lugar en el cual la mujer hubiera querido estar. Justo a las puertas de donde se hacían los sacrificios, donde morían inocentes por los pecadores como ella, en un constante recuerdo de su pecado.
  1. Cuando Cristo la salva y logra que no la apedreen con su famosa frase “el que sea sin pecado tire la primera piedra” le hace dos comentarios uno muy conocido:” Ni yo te condeno” y otro no muy comentado:” Anda y no peques más”

Cuando uno escucha este último comentario de Jesús tiene que preguntarse: ¿Cómo se hace para no pecar más? ¿Es eso posible? ¿Podemos dejar de pecar? ¿Tenemos el poder para hacerlo?

En otra famosa cita Jesús dijo: “yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10). ¿No es eso más grande que solamente perdón? Porque el perdón sólo me lleva de regreso a nivel cero.

El vino para algo más que perdón, su propósito era liberarnos del pecado, a sacarnos del imperio del pecado que nos esclaviza.

Después de unos años el Apóstol Pablo nos deja ver esto con claridad en su carta a los romanos: “Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos. No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia” (6:12 y 13).

Observa que tienes una opción de permitir o no, ofrecerte a Dios o al pecado, por tanto, si tu relación con Dios sólo camina en los términos de pecar y ser perdonado te estás perdiendo una parte muy importante de la razón por la que vino, porque Él nos ha pasado de muerte a vida, nos ha liberado de nuestros pecados su poder.

Y Pablo no termina ahí sino que continúa “Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia.” (14) para concluir en el verso 23 que tenemos el regalo de la vida eterna.

Tenemos que entender que el pecado mata: un adulterio mata un matrimonio, un gasto excesivo mata la economía familiar, y llámalo falta de dominio propio o necesidad física, da lo mismo, lo cierto es que cuando estamos bajo el poder del pecado sólo destruimos cosas o personas.

Por eso Cristo no vino únicamente a perdonarnos, vino a darnos una opción de vivir diferente, a liberarnos de nuestra esclavitud y a darnos el poder de vivir diferente.

Que esta navidad sea la celebración de cada uno de nosotros, que nuestro Salvador no sólo vino a limpiarnos sino a liberarnos de nuestro opresor

Y por eso todo cambió.