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¿Por qué la gente no quiere oír las buenas nuevas? (1)

Por: Andrés Carrera

Abrimos este tema con el artículo que vimos la semana pasada sobre HAMBRE ESPIRITUAL, donde vimos que las personas sufren de hambre que no pueden saciar, pero la pregunta de hoy y las próximas semanas es ¿por qué lo último que se les ocurre es ir a una iglesia cristiana o preguntar a un creyente conocido?

Es muy fácil para nosotros evitar el auto– análisis y decir es que son duros de corazón, o ellos deben hacer lo que nosotros hacemos y ahí serán aceptos a Dios o, que este mundo está tan bajo en su nivel moral que ya no hay nada que hacer sino encerrarnos y protegernos nosotros y a los nuestros.

Yo propongo que vayamos más allá y analicemos si algo hemos hecho para ganarnos el derecho de hablar de nuestra fe a un mundo que la necesita y está hambriento.

Consideremos lo siguiente:

1.- Los no creyentes tienden a considerar a los evangélicos como una legión de policías de la moralidad, gente que quiere imponer las formas correctas de conducirse.

2.- Consideran que los creyentes entramos constantemente en una serie de éxtasis y que todo lo que creemos es emocional y poco razonable.

3.- Creen que odiamos a la virgen, a los santos, al Papa y que todo es satánico.

4.- Creen que somos unos hipócritas puesto que pregonamos una moralidad y no la vivimos, y con tanto representante de la religión cayendo en pecado, ¿quién puede culparlos?

5.- Están convencidos que no nos interesa oír sus argumentos, puesto que los nuestros son los únicos que valen.

Ahora, veamos en este análisis que hemos hecho mal y como cambiarlo:

1.- Por siglos, la iglesia ha enfatizado la verdad y no la gracia. Como lo deja ver la cantidad de concilios, credos, y tratados de teología, nos hemos dedicado a eso, en lugar de amar y respetar incluso a los que se nos oponen, que son las armas de la gracia.

No nos hemos preocupado suficiente de universalizar la gracia, sea porque creemos que no la merecen, que no debe perdonarse algunas cosas, u otra razón que más tiene que ver con creencias personales que con el mensaje de Cristo.

No nos hemos ganado el derecho de hablarle a una comunidad sedienta, donde ir y tomar agua, sino que los hemos llenado de requisitos para siquiera guiarlos a ella.

Hemos escondido la gracia de aquellos que más la necesitan.

2.- No nos hemos sabido separar con suficiente claridad de todas estas creencias nuevas neo – pentecostales que tanto daño hacen, sobre todo porque tienen medios de comunicación masiva y nadie parece combatirlos.

3.- No buscamos puentes con los católicos romanos, sino que nos limitamos a decirle idólatras y otras cosas peores, sin darnos cuenta que lo que Cristo haría es acercarlos a Él y después corregir errores

De hecho, los pocos que se han atrevido a acercarse como Billy Graham, Alex Campos y otros, sólo han conseguido el repudio de la comunidad evangélica.

Cristo pudo criticar a los fariseos y fue muy duro con ellos, pero cuando uno de ellos vino a verlo le ofreció el nuevo nacimiento sin hacer distingo de lo que era hasta ese momento, en cambio, nosotros estamos llenos de prejuicios y entonces, nuestro mensaje principal, la gracia, queda perdido en un mar de críticas y juzgamientos que hace que la gente no pueda oír de ella.

4.- Hemos hablado tanto de moralidad, de santidad, condenado al infierno a quien aborta o es homosexual, mientras algunas congregaciones toleran el adulterio de sus pastores, o que se casen de nuevo porque Dios les dijo que cambien de esposa, en lugar de mostrar gracia.

Por supuesto que las cosas que he hablado están mal, pero eso no condena a la gente a menos que continúen en eso por siempre, sin aceptar a Cristo como Señor y Salvador, pero nosotros no le ofrecemos al pecador la gracia, sino el infierno.

Sin que tengan la gracia de Dios más podrán salir de su pecado, y a veces parece que los cristianos estamos más preocupados de condenar que de informar de la gracia que perdona y que permite volver a empezar sin importar el pecado.

Vamos a decir que no es pecado, por supuesto que no, pero vamos a ofrecer a un mundo sediento, el agua que necesitan y eso es lo que los hará cambiar no las constantes condenaciones de las iglesias.

5.- La gente necesita ser comprendida aunque no estemos de acuerdo. Necesitan saber que podemos ser empáticos e interesarnos en lo que sienten y en sus dolores. Necesitan que mostremos un Salvador con los brazos abiertos, no un Dios con el látigo en la mano.

Cuando ese sea el Cristo que presentemos, la gente irá a Él, Él los perdonará, les limpiará las heridas, y les dará el poder para cambiar sus vidas, algo que ni nuestras críticas legalistas y condenas jamás logrará.

¿Porque la gente no quiere oír de las buenas nuevas? Podrá ser que los que las debemos informar hacemos tan mal trabajo, que las hemos escondido en una maraña tan grande de legalismo y condenación que la gente no la ve.