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¿Por qué la gente no quiere oír las buenas nuevas? (2)

Por: Andrés Carrera

¿Cuál es la primera palabra que le viene a la mente cuando digo cristiano?, ahora ¿cuál cree que es el de un no evangélico cuando digo cristiano evangélico?

Hay varias: anti aborto, anti homosexuales, todo es biblia, fanáticos, gente con pandereta, gente que nos habla de Dios cuando no lo queremos, etc.

Pero sabe cuál es la palabra que ni una sola ocasión he escuchado relacionados con los cristianos, y que debería ser la descripción que más comúnmente oiga: amor. Los creyentes deberíamos ser conocidos por nuestro amor a los demás, sin importar si acogen la verdad de la Escritura o no, sin embargo, parece que incluso entre cristianos ni nos toleramos.

Ante esta realidad deberíamos pensar en cómo la gente se siente amada y propongo algunas opciones: me siento amado cuando sufro y alguien se interesa por mí, cuando me regalan algo que no esperaba, cuando me escuchan, cuando me animan, cuando me abrazan, cuando me siento valorado.

Seguramente usted puede poner otras cosas en esa lista y como usted ve no hay nada sobre juzgar o condenar a las personas porque son diferentes a nosotros o no abrazan nuestra fe o tienen conductas inmorales.

Jesús lo hizo, fue a cenar a la casa de Zaqueo, un recaudador de impuestos y ladrón, accedió a que una prostituta le lavara los pies con perfume, habló con una samaritana a quien le pidió agua. A todos ellos Jesús los amó y al hacerlo permitió que aflorara una sed que solo Él podía saciar.

Ninguna de esas tres personas que mencioné creían lo que Él cría, sin embargo Jesús los amó porque la gracia es lo que vino a darle al mundo, y no hace falta gracia para relacionarme con alguien que se parece a mí, que actúa y piensa igual que yo. La necesito para aquellos que no son como yo, incluso para los que se consideran mis enemigos y ese mandato no existe en ninguna otra religión.

Un rabino lo dijo así: “El desafío religioso supremo consiste en ver la imagen de Dios en alguien que no está hecho a nuestra imagen”.

Imagine a personas como Esteban perdonando y orando por aquellos que lo apedreaban, solo por no pensar como ellos, y el efecto que eso tuvo en Pablo, quien después de estar de acuerdo con la ejecución se convirtió al cristianismo. Piense en Martin Luther King diciendo a su gente que ame a aquellos que les lanzaban piedras, atacaban con perros, golpes, y cosas peores, solo por tener un color de piel distinta.

Jesús en sus enseñanzas nos dejó dos cosas: gracia y verdad, y nosotros hemos decidido que abrazamos la verdad (lo cual está perfecto) sin permitir que la gracia sea el micrófono por el cual expresamos esa verdad. Solo criticamos a los que no son como nosotros, creando un abismo de separación que impide que la gracia se vea y se sienta.

Permítame preguntarle algo ¿conoce usted a una persona que haya encontrado su camino hacia la fe a base de que la critiquen? ¿conoce a alguien que ha llegado a la fe porque usted discute hasta el cansancio?

Tenemos que admitir que nos hace falta un baño de humildad. Humildad para reconocer que las personas que no son como yo, no pueden ser juzgadas como si nosotros ocupáramos el puesto de aquel que todo lo sabe. Dios no las desprecia, pero está sorprendido de nuestra dureza de corazón porque olvidamos que hasta hace poco tiempo nosotros también fuimos uno de ellos. Empecemos a ver a las personas no como “posibles convertidos”, sino como alguien a quien Dios ya ama. Dejemos de entregar religión y empecemos a dispensar gracia.

Imagínese que sucedería en un mundo sediento de amor, sediento de verdad, sediento de propósitos de vida, si los cristianos bañamos de gracia cada cosa que decimos, si nos ponemos en sus zapatos y nos preocupamos por ellos, si dejamos ver que tienen un valor tremendo para Dios sólo por ser seres humanos y que por tanto también tienen un valor así para nosotros.

Si aprendemos a consolar antes que criticar, las escuchamos y animamos estoy seguro que la gracia hallará respuesta. Estoy seguro que si esto hacemos, la gente estará dispuesta a darle al cristianismo otra oportunidad.

¿Aprovecharemos la oportunidad?