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¿Verdad o Mentira? (3)

Por: Andrés Carrera

Hoy miraremos la primera de lo que considero tres grandes mentiras que decimos en la Iglesia, y que, a fuerza de repetirse una y otra vez, la iglesia en general, las cree y las defiende.

LOS DONES Y EL LLAMADO SON IRREVOCABLES.- No sé cuántos sermones he escuchado al respecto, que se resumen en una idea principal: Si Dios te lo dio, nadie te lo puede quitar. Ni Él mismo.

Entonces, según este razonamiento, si yo fui llamado a ser pastor, eso es algo que no pierdo nunca, aunque yo renuncie a él, ese llamado siempre estará ahí, esperando que regrese. Si tengo el don de profecía (que significa proclamar el evangelio, no adivinar el futuro) este se quedará conmigo aunque yo, me salga de la iglesia, renuncie a mi fe, y no quiera saber de Dios nunca más. Como lo que me dio es irrevocable lo tendré hasta cuando muera.

El versículo que toman para este razonamiento es Romanos 11:29 que dice “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”.

Para esclarecer de qué está hablando el apóstol Pablo, veamos un versículo antes y otro después para tener claro el contexto:

Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos” (Rom.11:28 al 30) Versión Reina Valera 60

Veámoslo en otra versión para que quede más claro:

En cuanto al evangelio, los judíos son tenidos por enemigos de Dios a fin de darles oportunidad a ustedes; pero Dios todavía los ama a ellos, porque escogió a sus antepasados.  Pues lo que Dios da, no lo quita, ni retira tampoco su llamamiento. En tiempos pasados, ustedes desobedecieron a Dios, pero ahora que los judíos han desobedecido, Dios tiene compasión de ustedes. Versión Dios Habla Hoy.

Así que, Pablo está hablando de lo que sucede con el pueblo judío, que le dio la espalda a Dios y a su Hijo, y como a pesar de ello, Él sigue pensando en ellos, y considerándolos en su plan; Él no se arrepiente de haberlos elegido como pueblo y el llamado de Dios no deja de estar vigente por la infidelidad de ellos.

Nada se dice aquí de que los cristianos tenemos asegurados nuestros dones aunque nos alejemos de Dios, ni que al irnos del liderazgo eclesial como el pastorado por ejemplo, esa habilidad o don queda en nosotros, así que cuando volvamos, si eso decidimos, nuestro llamado sigue inalterable.

Es cierto si, que nuestras habilidades naturales permanecen. Por ejemplo, si voy a trabajar en una empresa y uno de mis dones es el liderazgo, éste se dejará ver como una habilidad, que ya no es don, porque para serlo se necesita la presencia del Espíritu Santo, que dejaría de gobernar una vida que ha decidido alejarse de su comunión con el Señor.

No sé de dónde sacamos esto de que el llamado y los dones son irrevocables, pero más suena  a una idea que me permite que siempre pueda volver al ministerio, si en otras áreas me va mal.

No debemos engañarnos, nosotros no somos indispensables, Dios es el indispensable. Con o sin nosotros el cumplir sus planes. Ya depende de mí si quiero el privilegio de prestar mi contingente para llevar a cuántos más podamos de las tinieblas a la luz.

Dios ha hecho hablar burros, así que tengamos cuidado de pensar que solo yo puedo hacer esto o aquello, y hagamos nuestra parte alejándonos del pecado, viviendo la gracia y entonces nos alejaremos de una vida ministerial vacía y mediocre, que es la que nos lleva a buscar otras ocupaciones.

Si quiero dejar a Dios de lado, Él no me lo va a impedir, si quiero volver me recibirá con los brazos abiertos, pero no porque los dones y el llamado son irrevocables, sino porque Su gracia siempre está vigente.