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Y si Nos Dijeron Mal

Por: Andrés Carrera del Río

Uno de los problemas más grandes que tiene el cristianismo es la mentalidad de templo, y dentro de ella, esta generalidad de que la palabra del pastor o predicador es directa de Dios y puesto que suponemos ha estudiado, no se puede equivocar. Así que tomamos lo que él dice, como si Jesús mismo lo dijera, y repetimos sus palabras sin siquiera averiguar si está en lo cierto o no.

Debe ser una de las principales razones de la poca profundidad de conocimiento que los seguidores de Jesús tienen y, por tanto, eso se traduce en su forma de vida. El ejemplo más claro que puedo dar de esto es Juan 10:10 que dice: “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.

Apenas usted escucha este versículo y si ha sido una persona que va continuamente a una iglesia, lo primero que le viene a la mente es que Jesús está hablando del diablo. Eso es lo que le han dicho una y otra vez.

Ahora analicemos el contexto juntos, porque la palabra diablo no está por ningún lado, así que uno supondría que viene hablando de eso para sacar dicha conclusión.

El relato empieza en Juan 9 cuando Jesús sana a un ciego de nacimiento y como lo hizo un sábado, los fariseos y líderes religiosos, montan en cólera y someten a este pobre hombre y a sus padres a un interrogatorio feroz, porque no podía ser que un enviado de Dios, como ellos lo entendían, realizara semejante milagro yéndose contra la ley del sábado.

Cuando Jesús se entera de esto, le da al hombre la fórmula para ser salvo y este le cree y lo adora como Dios, dejando de lado los códigos farisaicos, reglamentos, e interpretaciones hechos por los líderes religiosos. Lo que lleva a una discusión en la que denuncia a los fariseos de no únicamente ser ciegos, sino peor que eso, pecadores porque afirman que saben lo que Dios quiere, llevando a la gente por el camino equivocado.

Después de esto, en los primeros nueve versículos del capítulo 10, Jesús pasa a explicar cómo solo a través de Él se llega a Dios y no por la religiosidad, los protocolos o el cumplimiento de la ley, y hace esa comparación entre pasar por la puerta, que es Él, o abreviar llegar a una relación con Dios, saltándose la puerta o entrando por otro lado.

En esta parte, nos deja ver que no está rehaciendo un sistema de creencias, puesto que dice que todos los que vinieron delante de Él, son ladrones, sino que nos brinda una buena nueva, donde Él es el pastor y la puerta, Es decir, Él es quien nos lleva a donde debemos ir y también la puerta por la que llegaremos a la meta.

Y es después de todo esto, que viene la frase de la que estamos hablando.

¿Está hablando del diablo en algún momento? Lea desde el capítulo 9 y cuando llegue aquí lea el diablo es ladrón y verá como no tiene ningún sentido, ni siquiera forzándolo.

Entonces: ¿quién es el ladrón que vino a robar, matar y destruir?

Todo lo que quiera reemplazar al único pastor, y a la única puerta con otro pastor y otra puerta. Todo sistema de creencias que te haga creer que puedes llegar por tus propios méritos como la que tenían los fariseos. Toda filosofía que te diga que eres acepto a Dios si eres buena persona o haces los suficientes sacrificios, o caminas de aquí para allá de rodillas, o cualquier otra cosa que saque a Jesús de su posición única: Él y solo Él es el pastor y la puerta para llegar al Padre.

¿De dónde salió esta interpretación de que es el diablo? Vaya usted a saber, pero le aseguro que la empezó alguien preocupado de que si hacemos eso no hubiera una estructura de leyes y regulaciones que deje ver qué es un comportamiento piadoso y qué no lo es. Alguien que pensó que no tendría poder si nos damos cuenta que lo único que necesitamos es a Jesús y no un sistema de reglas con humanos diciéndonos que es correcto y que no, como los fariseos.

Como se podrán dar cuenta, este es un ejemplo de lo que sucede cuando las personas que hemos sido redimidas por el amor de Cristo, permitimos que sujetos ungidos nos digan qué creer y cómo comportarnos en lugar de acudir al pastor de pastores para que nos diga cómo ser discípulos de Él.

Mientras seguimos permitiendo que gente selecta, con buenas intenciones o no, nos enseñe que su palabra es una verdad sin discusión, no terminará esta forma de ver el cristianismo, en donde en lugar de ser una relación con Dios, es una serie de regulaciones, protocolos, leyes, que lo único que hace, según Jesús, es robarnos una relación con Él, y llevarnos por el camino equivocado.

Aprendamos a reconocer la voz de nuestro Pastor para seguirlo y dejemos de ir detrás de ciegos, que no hacen otra cosa que repetir una mentira porque se la oyeron al “ungido” anterior, aunque eso produzca que la gente entre por la puerta equivocada.