¿Por qué Dios está ausente?

Por: Andrés Carrera del Río

En estos días en Ecuador, ocurrió el asesinato de un hombre de televisión famoso y muy querido, llamado Efraín Ruales. Su muerte ha causado consternación, no solo en mi país sino también dentro de la comunidad cristiana, pues él se confesaba creyente e iba a una iglesia.

Debido a esto arrecian las preguntas: ¿por qué Dios permite la maldad?, ¿cómo es posible que le pase esto a una persona tan buena, joven, que estaba usando su plataforma para hablar del evangelio? Entonces, ¿qué contestamos los creyentes cuando una de estas cosas sucede y hay sufrimiento?

Lo primero es entender que las posiciones filosóficas como “Dios no puede ser Omnipotente y bueno a la vez”, no caben, porque Él no está feliz con lo que sucede, pero simplemente es lo que nos toca vivir debido a que lo desterramos de nuestras vidas.

Si la historia Bíblica es verdad, el hombre tenía todo a su alrededor exactamente como lo necesitaba, y cuando solo conocía el bien, decidió traicionar a Dios, porque no confío en Él y tuvo aspiraciones de enseñorearse.

Con esa decisión, que Dios denominó pecado, la humanidad desató consecuencias devastadoras sobre sí mismo y sobre esta tierra que administraba. La naturaleza cambió, ya no sería completamente amigable al hombre, y la maldad entró en el mundo, ya no confiábamos el uno en el otro porque surgieron dos cosas terribles: el egoísmo y las ansias de tener poder sobre otros.

Ahora, el mismo Dios que juzgó el pecado, solo un Dios grande y bueno lo podía hacer, nos dio la solución al problema que nosotros no podíamos resolver, enviando a su propio Hijo a morir por nosotros para que podamos, los que así lo deseamos, volver a Él.

El problema es que sus promesas de regresar al original, son para otra vida, para otra Tierra, y no nos ha ofrecido jamás, que debido a que decidimos vivir para Él, eso nos protege de la maldad que vive en nosotros como seres humanos. Mientras estemos aquí tendremos aflicciones, veremos injusticias, y viviremos con el peligro de que la crueldad se vuelva hacia nosotros todos los días.

Por eso es que hablo tanto contra esta corriente mentirosa del neo pentecostalismo, porque, aunque declare, decrete o confiese lo que quiera, eso no la salva de lo que va a suceder. Hay gente que me dice, pero a mí me sirvió en tal ocasión, y mi respuesta es siempre, si no es para todos no puede ser de Dios, y evidentemente los casos como el de Efraín, nos demuestra que no es para todos, y que no funciona.

No me sorprende la tranquilidad con la que los pastores de esta corriente siguen semana a semana asegurando que “Este es el año que Dios nos va a bendecir y a devolvernos lo que la pandemia se nos llevó” y cosas por el estilo, sino que la congregación no reflexione en el hecho de que algo está mal en lo que le están diciendo cuando ocurren muertes tan viles.

La conclusión a la que llego, es que simplemente permanecen en ese templo porque están oyendo lo que anhelan oír, y es mejor no servir al Dios de la Biblia, sino servirse del dios que se han inventado. Esa mentira es demasiado agradable para confrontarla con la verdad.

No se quieren dar cuenta que estas iglesias viven de ese tipo de predicación porque lo que hacen es como un embudo: Meten un número grande de gente a través de sus programas y promesas y al final lo que quedan es una cantidad de personas reducidas comparativamente hablando, pero que están convencidas que esto es verdad y la plata que dan es más que suficiente para que estos predicadores puedan disfrutar vidas de lujo.

El problema es que todos los que se van quedando en el camino porque les sucede una tragedia, tienen un problema y no ven prosperidad quedan “vacunados” contra el cristianismo y se alejan para siempre, porque nunca entenderán que el sacrificio de Cristo por ellos tenía otra razón de ser.

Cuando estemos en esta nueva realidad, con Dios viviendo en el centro de nosotros, cuando la nueva Jerusalén exista, no quiero ni pensar cuál va a ser el castigo de Dios para esta gente que permitió que muchísimos se desencantaran del evangelio por sus mentiras, cuando cada alma perdida costó una gota más de sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Ciegos guiando a otros ciegos. La ceguera es tal, que, a pesar de las evidencias prefieren no ver, ya sea por conveniencia económica en los líderes, o porque esto de creer en un Dios que siempre me va a proveer, que me cuida, que no va a permitir que nada malo me pase, es demasiado llamativo para ponerme a pensar que podría ser mentira.

No es más que demagogia religiosa, deberían ser políticos de un país del tercer mundo, aunque tal vez, no ganarían tanto dinero engañando a gente para gobernar una nación.

Me da tanta pena que asesinen gente buena, me da tanta tristeza el dolor de sus familias, me da tanto dolor la gente que se deja engañar.

Me da mucha impotencia ver a los asesinos sueltos, a los ladrones haciendo de las suyas, tanto los de calle como los de saco y corbata, y también me da impotencia ver demasiado engaño en el nombre de mi Señor y la cantidad de personas que cae en esas garras para no salir nunca.

Solo me queda recordar que somos la raza traidora, que vivimos en un mundo del que sacamos a Dios, y entender que todas estas cosas vienen en el paquete del pecado, pero que es importante seguir llevando más personas a los pies de Jesús antes de que este planeta, o mi vida se termine.