La importancia de la amistad profunda en la pareja


Por Cristina Guerra de Álvarez.

Alguien hizo esta pregunta en una entrevista de trabajo, y me pareció muy interesante: “¿qué tres palabras usaría tu mejor amigo para describirte?” Esa pregunta me gustó mucho, pero me tomó un momento pensar en la respuesta.

Muchos se concentrarán en buscar esas tres palabras, pero a mí me llamó la atención la otra parte de esa pregunta: “¿a quién consideras como tu mejor amigo?”  Si tuvieras que responder esta pregunta, ¿contestarías que tu mejor amigo es tu cónyuge? Parecería que la sociedad pone a la pareja y los amigos en dos categorías distintas pero no debería ser así, especialmente si consideramos lo que significa verdaderamente la amistad.

La amistad profunda es el primer principio que enseñamos con mi esposo en consejería de parejas.  Estudios científicos de más de 40 años han concluido que es la base del compromiso y la confianza, y aún más importante, la intimidad y el sexo satisfactorio en la pareja. Según el Dr. John Gottman, las parejas que tienen una amistad profunda:

“… tienen respeto mutuo y disfrutan de la compañía del otro.  Tienden a conocerse íntimamente – saben muy bien qué le gusta a la otra persona, qué no le gusta, sus rasgos de personalidad más peculiares, sus esperanzas, sueños y planes.  Tienen una mutua consideración perdurable y se expresan este cariño no solo con grandes gestos sino con los pequeños detalles del día a día”

Desde este punto de vista, si no hay amistad, no hay relación de pareja exitosa.

¿Cómo cultivamos una amistad profunda en el matrimonio? Comienza desarrollando 2 habilidades básicas:

  1. Has preguntas

El aprender a hacer preguntas profundas permite que conozcas el mundo interior de tu pareja.  Es más fácil preguntar “¿Cómo te fue?” que decir “Te veo preocupado, cuéntame de tu día de trabajo”.  Lo primero solo requiere un momento, lo segundo demanda tiempo y disposición a escuchar.  El desarrollar esta habilidad permitirá abrir el camino para el segundo punto.

  1. Cuenta historias

Todos las tenemos, y es sorprendente cuántos de nosotros nunca nos hemos sentado a contarlas.  Y si se las cuentas a una audiencia interesada (tu pareja) la oportunidad de descubrimiento es ilimitada.  Tu historia familiar, la historia de tu primer beso, la historia del mejor viaje que has hecho, la historia de cuando te rompiste la pierna.  Todas estas historias contienen valiosa información acerca de cómo piensas y cómo te relacionas con los demás.

No hay que subestimar el poder de nuestra historia.  Nuestro cerebro está diseñado de tal forma que las historias nos atraen y nos motivan.  Mucho de lo que sabemos acerca de la historia de la humanidad ha sido transmitido mediante tradición oral.  Las historias tienen el poder de construir y transformar relaciones.  Proveen contexto para momentos difíciles y nos recuerdan que hay algo más grande que las dificultades del día a día.

Juan 15 nos da un poco de contexto de cómo era la amistad profunda que Jesús había construido con sus discípulos.  Me puedo imaginar al Señor rodeado de sus discípulos y compartiendo historias y haciendo preguntas que mostraban su interés genuino en la vida de ellos.  En el versículo 13 dice: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos”.  Esto nos indica que la amistad profunda es capaz de inspirar los actos más grandes de amor. Y como cristianos la receta no está completa si no incluimos a Dios en esta ecuación, después de todo “cordón de tres dobleces no se rompe fácilmente” (Eclesiastés 4:12).

Así que has preguntas y cuenta historias.  Da rienda suelta a la curiosidad y al descubrimiento.  Enfocarte en construir una amistad profunda es lo mejor que puedes hacer por tu relación de pareja.


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